¡Vaya discusión la de anoche! Me vinieron a visitar, y a la vez a despedirse de mí, una pareja de amigos norteamericanos -consumados world trekkers-, que casi terminaban su peregrinaje por toda Latinoamérica. Empezaron su viaje en el norte de México, en el estado de Durango, a finales del 2006, y ahora, sólo les faltaba recorrer Chile para completar con su largo viaje. Movido por la curiosidad, caí tentado por un «lugar común», y les pregunté, abiertamente, dónde habían visto a las mujeres más lindas, y dónde a las más feas. Fue difícil llegar a un consenso respecto a las más lindas. Sin embargo, no tardaron mucho en responder. Enumeraron -sin ninguna prelación- a las colombianas, las venezolanas, las argentinas, las uruguayas y las brasileñas, como las más lindas del continente americano, estadísticamente hablando.
Como las más feas, me dijeron que las mexicanas, las centroamericanas, las peruanas, las ecuatorianas y las bolivianas (curiosamente, países todos con una gran población indígena). No pude estar más en desacuerdo, aunque mi juicio estaba viciado por el chauvinismo. ¿Cómo se atrevían a afirmar que las peruanas estaban entre las más feas, si son lindísimas? Empecé por nombrar a María Julia Mantilla, la peruana que en el 2004, fuera coronada Miss Mundo, en el certamen llevado a cabo en la isla de Sanya, en la República Popular de China. No, me refutaron, Maju podrá ser muy linda, pero no representa la belleza propiamente peruana, pues sus rasgos son marcadamente occidentales, españoles. Las peruanas, las del pueblo, no son así, concluyeron lacónicamente los gringos, a quienes ya no veía con tan buenos ojos, procediendo a cerrar la botella de licor.
Bueno, pero no sólo puedo mencionarla a ella, repliqué, en perfecto inglés. Les hablé de la mujer con la mejor «cola» de Lima, Olenka Zimmerman. Modelo de televisión, actriz de novelas, ícono sexual de los años ´90. -Vlad, my good friend -me dijeron-, tampoco ella responde al típico perfil de la mujer peruana. A ella la podrías poner al medio de una calle de Europa, y pasaría como una natural, además, su apellido es marcadamente judío, no quechua, ni aymara, ni chimú, ni moche, ni nada que se le parezca. ¡Pero es peruana, for God´s sake! les respondí, antes de secar mi vaso de whiskey. Créanme, llegué a pensar en dejar de lado el deber de todo buen anfitrión y amigo. Estaban acabando con mi paciencia.
Además, les dije que América es un continente mestizo, donde ya no cabe hablar de una sola raza, porque somos el crisol de muchas razas, con una heterogeneidad racial impresionante. Así, por ejemplo, teníamos a Fiorella Cayo Sanguinetti, de ascendencia italiana, pero tan peruana como yo. -Give me a break, me dijo Brian. Esa chica es tan rubia como yo. ¿Cuántas como ella ves caminando por las calles de Lima? ¿Cuantas más, en las provincias del Perú? Incisivo, me acusó de tener un gusto marcadamente occidental, mucho más que el de ellos, de raza anglosajona y pasaporte yanqui.
No es así. Para mí -contesté-, una de las mujeres más guapas siempre ha sido la actriz de cine Vanessa Saba. Y no es precisamente, del tipo nórdica, sino más bien morena. Es verdad, consintieron, pero una vez más, estás en un error. Saba, es una forma del apellido libanés Sab, que nada tiene que ver con el nativo americano. Incapaz de refutar su teoría respecto del origen del apellido Sab, no me quedó otra que callar. Brian y John son dos egresados de Antropología de UC Berkeley. Conocen mejor que yo, las diferentes razas humanas.
-Mira Vladimir, me dijeron ambos en términos conciliatorios. La mujer peruana es marcadamente quechua, de ascendencia indígena, chola. Por más que te cueste admitirlo, y lo entendemos, no llega a tener la belleza de la eslava, la aria, la mediterránea, la gala o la anglosajona. Y me mostraron algunas fotos de rostros de mujeres indígenas que hicieron en su viaje. Claro que lo sabía, yo también había viajado por casi todo el Perú, y conocía bien a sus gentes. Cuando afirmamos que estaban entre las más feas, no fue por fastidiarte, incluso lo hemos escuchado de gente de aquí de Lima. Lo encuentras en las novelas de tu paisano, Jaime Bayly, etc. Como en todas partes, el mestizaje ha logrado bellezas excepcionales, pero son eso, excepcionales, o sea, una excepción a la regla. Igual que en México, las bellezas que aparecen en las telenovelas, no son las que caminan en el DF, Oaxaca, Michoacán, Tlaxcala o Chiapas. Que haya una que otra rubia en Santa Cruz de la Sierra, no indica que toda La Paz o Sucre, esté poblada de blancas.
Cuando finalmente los embarqué en su taxi con destino al Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, los vi irse contentos, y yo, con un sabor amargo en la garganta. No me gustó mucho lo que me dijeron, pero en el fondo, tenían razón. Si uno visita el centro de Lima, con suerte encontrará una o dos mínimamente simpáticas. Por otro lado, es innegable la influencia internacional del programa de Laura Bozo, que hizo famosa a la mujer peruana, no precisamente por su belleza, sino todo lo contrario. Yo sí conocí, traté, me enamoré y me dejé querer por lindas representantes de la belleza peruana, pero hay que admitir un hecho irrebatible, nunca salían de su isla de bienestar en un inmenso mar de fealdad. Distritos como Miraflores, San Isidro, La Molina o Surco, no son todo el Perú. Le pese a quien le pese.
Todo aquel que visite Huamanga, la capital del departamento de Ayacucho, tiene que darse un salto a Huanta, a sólo 48 kilómetros al norte. La ciudad es pequeña pero ordenada y limpia; su plaza es pintoresca, florida y con pileta enrejada, como en casi toda población serrana, y su gente, muy acogedora. Precisamente, estas rosas son de los jardines de su Plaza Mayor. La oferta de restaurantes es variada, y el puca picante, plato típico de la región a base de chicharrón (cerdo frito), papas sancochadas, y una crema compuesta por maní tostado molido, betarraga, ají panca, sal y pimienta. También sirven enormes truchas fritas, arrebozadas, en sudado o al vapor. El cuy (cobayo) chactado también es un excelente opción. Felizmente, ya no lo sirven con la cabeza y patas, como otrora. Por muy rico que esté, sigue siendo un roedor. Debido a la altura (2,200 m.s.n.m.), y a los pocos ingresos de la región (Ayacucho es uno de los departamentos más pobres y olvidados del país), es casi imposible conseguir una botella de vino. Antes que una soda, les sugeriría un mate de coca. No es el maridaje perfecto, pero ayuda a la digestión y el mal de alturas.
Si viajan por su cuenta, manejan una Pick up, 4x2 ó 4x4, anímense a visitar la Catarata que está a una corta distancia del pueblo. También es posible ir a pie, pero en honor a la verdad, es un poco agitado, y los fines de semana largos, son más bien cortos. You know, time is money. Ok, no es ni el Iguazú ni el Niágara, ni sé cómo diablos se llama (nadie de los pueblerinos que pregunté, me supo dar razón), pero tiene su encanto. La gente de por ahí, todavía vive como en el resto del mundo mucho antes de la Revolución Industrial. No es que la analogía sea cruel, sino todo lo contrario.
Llegar al mencionado destino implica contratar a un guía. Para horror de los inspectores del Ministerio de Trabajo, los hay desde los 4 años de edad. Yo conté con los servicios de César, un pequeñín entrañable de 7 años, apenas cumplidos. Claro, el cumpleaños es sólo una fecha referencial, nunca tuvo una fiesta ni sabe qué es eso. A veces es mejor vivir en la ignorancia. Ahí lo vemos, adelante mío, mostrándome el camino. Uno tiene que preguntarles, porque de motu propio, es muy difícil que hablen. Me contó que es sexto de una familia de nueve hermanos. Y que su madre, Leonora, está embarazada. Precisamente, Juan, el pequeño que se ofreció a cuidarme la camioneta, es también uno de sus hermanos.
Mientras avanzábamos, a veces subiendo y a veces bajando, iban apareciendo pequeños lugareños ofreciéndonos botellas de agua mineral a un sol con cincuenta céntimos. Otros, tunas recién cosechadas en bolsas plásticas. No faltó quien me mostrara artesanía de la región, a precios muy por debajo de los que cobran los comerciantes en los Indean Markets de Lima. Sin exagerar, la cuarta o quinta parte del precio. No se trata de que el Estado a través de su Ministerio de Economía establezca un control de precios, pero sí debería de haber una forma de estandarizar el precio de las artesanías, para que el beneficiado también sea el artesano, el hombre de pueblo, y no el abusivo intermediario.
Lo mejor del viaje, no fue llegar al destino, sino la camaradería que surgió entre mi hijo y nuestro buen guía. Ambos de dos mundos absolutamente opuestos; André, nacido en un moderno hospital del norte de California, y César en la paupérrima choza de sus padres. André, blanco, casi rubio, ojiverde. César, cobrizo, moreno, ojipardo. André, calzando modernas zapatillas Nike. César, calzando ojotas (llanques, guaraches) de caucho de llanta. André, con pasaporte americano, ruso y peruano. César, sin pasaporte ni documento de identidad ni partida de nacimiento. André, viajero del mundo en American Airlines, Lufthansa, Iberia, British Airways. César, viajero de su pueblito en burro, caballo, pollino. André, fue al prekinder desde los 2 años. César, a sus 7 años no sabe aún que es una escuela. Y sin embargo, ahí están en la foto, como lo que son, dos seres humanos, distintos, pero iguales al fin. A esa edad no se sabe ni de colores, ni de privilegios, ni de nacionalidades ni de nada que separe a un ser humano del otro. Ojalá no se deje infectar por los prejuicios clasistas de Lima. Ojalá no cholee (discrimine) como se cholea aquí. Ojalá aprenda a ver con los ojos del corazón. Y en que en Huanta, no sólo se unen la tierra con el cielo. También los colores.
La Semana Santa, para los creyentes en el Cristianismo, es el periodo litúrgico y sagrado que transcurre desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección. Es asimismo, el período de más intensa actividad dentro de la Iglesia, por ser la semana en la que se hace un memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro señor Jesucristo. Los días que la conforman son el Domingo de Ramos, el Lunes, Martes, Miércoles, Jueves y Viernes Santos, el Sábado de Gloria, y el Domingo de Resurrección. De toda esta semana, los días más importantes son los formados por el «Triduo Pascual», es decir, el Jueves Santo, el Viernes Santo, en el que se conmemora la muerte de Jesucristo y el Sábado Santo, en el que se conmemora a Cristo en el sepulcro. También es importante la vísperas del Viernes, el Jueves Santo, día en el que la Iglesia Católica conmemora la institución de la Eucaristía. En los santos oficios de ese día se reserva el Santísimo Sacramento en un lugar que se prepara en la iglesia, llamado monumento, hasta el oficio del día siguiente, permitiendo a los fieles la adoración personal o comunitaria al Santísimo Sacramento durante un breve momento o toda la noche, según las posibilidades de cada lugar.
Por lo menos en Lima, la gente joven aprovecha esos días feriados no laborables, para despedirse del verano (19 ó 20 de marzo, en el hemisferio sur) y recibir el otoño de la mejor manera, «morenos por los rayos del sol». En grandes cantidades, salen a acampar a las playas del sur o norte de la capital, o aprovechan para conocer alguna remota provincia del país, donde las celebraciones por Semana Santa son más coloridas y sentidas (en el departamento de Ayacucho son las más famosas). O sencillamente, para relajarse en sus casas, y preparar jugosos asados, no precisamente con carne de pescado. Es también sabido, que durante la Semana Santa, ocurren la mayoría de embarazos no deseados, o más correctamente, no planificados, que no siempre es lo mismo. También son interminables las borracheras, el exceso de estimulantes, y las largas sesiones de amor. No resulta extraño entonces, que más que Semana Santa, sea conocida como «Semana Tranca».
Recuerdo que la consigna del líder del grupo con el que solía acampar en esas fechas, era «donde pongo el ojo, pongo la verga». Y vaya que tenía suerte el desgraciado. Cuando finalmente nos alistábamos a volver a casa, contaba ante la envidia y la incredulidad de todos, los varios calzones de sus víctimas: rojos, negros, rosados, amarillos, blancos, y así. En algunos casos, los había sustraído en un descuido de sus acompañantes, en otras, ellas mismas se los regalaban como pícaro recuerdo de la aventura veraniega. No faltaban las críticas de algunos compañeros de viaje, por su reprochable conducta. Pero él se defendía diciendo, que como los judíos a Cristo, él las crucificaba por pecadoras, y las atravesaba con su lanza, conmemorando el Viernes Santo de Crucifixión. Luego del orgasmo, ellas resucitaban, y ya, satisfechas que estaban, podían volver a la rutina de sus monótonas vidas de Lima. Quien inventó la palabra «caradura», debió seguramente conocer a alguien como él. Pero tampoco hay que echarle toda la culpa, que nadie se baja el calzón por su gusto y gana. Si hasta una vez lo acusaron de violación. Y en su declaración policial, la supuesta víctima manifestó que antes del acto sexual, le preguntó si tenía condón. ¡Andá! Así de estúpidas eran la mayoría de sus presas. ¡Es que oye!, como diría mi buen valedor, Leonardo García, chilango de los United.
Mucho tiene que hacer la Iglesia -católica, cristiana, ortodoxa, o como se quiera llamar- por recuperar el terreno que perdió, no sé si para siempre. Si quiere llegar a más jóvenes, deberá aceptar primero que la juventud no tiene pecados. Lo que tiene, es necesidades. Sobretodo la necesidad de experimentar, de aprender, de conocer por sus propios medios. Nadie aprende en el pellejo ajeno, y aunque nos adviertan hasta el cansancio que el fuego quema, dudo mucho que alguien no quiera meter el dedo. A la llama, se entiende. Lo que es yo, me voy con mi familia a Ayacucho, a poner a prueba una vez más, el motor de mi Rav4. Parto mañana por la madrugada, siempre y cuando André se quiera despertar a esas horas. Sino, caballero nomás.
Felices Pascuas, queridos lectores.
Hoy domingo por la tarde, Kenneth Yohann y Liliana Higa, una de las parejas que más estimo y aprecio, nos invitaron a André y a mí, a celebrar con ellos, en el local de Bembos ubicado en la Av. Camino Real, distrito de San Isidro, el segundo cumpleaños de Jade, su encantadora hija. Si alguien dudó acerca de los resultados de la mezcla de razas (en su caso, hispana, aria y nipona), por la foto, podemos notar que no podría ser mejor. Fue una fiesta de cumpleaños inolvidable. Se comió hasta por los codos, se platicó con los amigos que no se veía hace buen rato, y se volvió a ser niño. Los niños, como enanos que son, la pasaron como eso: enanos. Jugaron en la piscina de pelotas, en el laberinto, en el puente, en la cabaña del árbol; rieron a carcajadas con la animadora; disfrutaron con el teatro de títeres, etc.
Verlos ser felices, soñar con los ojos despiertos, volar con la imaginación, nos alimenta el espíritu para todo el mes, y así, sucesivamente. En su nombre, seríamos capaces de todo. Hay que admitir que hay veces que uno quisiera reivindicar al rey hebreo Herodes (הוֹרְדוֹס), porque cuando se ponen pesados, sacan de quicio a cualquiera. Al menos André, mi hijo, es también conocido como «Damien Thorn», por lo terrible que puede llegar a ser. Pero con todo y ello, por nada del mundo cambiaría mi status de pater familias, es decir, de papá domesticado.
Es absolutamente comprensible y respetable, que gran parte de la gente de mi generación, vea con horror la paternidad. No es fácil. Es un compromiso de por vida, como ningún otro. El matrimonio se puede disolver, el amor a la pareja se puede acabar, o romperse de tanto usarse, como dice la canción. Pero la relación con los hijos es hasta la muerte. Siempre serán nuestros hijos, siempre. También está el lado económico. Ahora que he tenido que pagar la matrícula y la primera mensualidad del kinder, más los útiles escolares, libros, mochila, ropa, etc., he sentido la pegada. Y recién estamos empezando. Por eso, un amigo mío me aconsejaba meses atrás, que si pensaba tener otro hijo, debía esperar por lo menos 6 años de diferencia entre uno y otro. Así, cuando uno ya esté terminando la universidad, el otro recién estará ingresando. De esta forma, no se me juntarían tan cuantiosos gastos. No le falta razón. Otro detalle importante es la calidad de tiempo. El tiempo que le robemos a nuestro tiempo, para dárselo a ellos. Pero dárselo de corazón, con las ganas de querer estar con ellos, no por estar. Ellos se dan cuenta. Y las cuentas, siempre se pagan, tarde o temprano.
Los sacrificios que se hacen por ello, son realmente inimaginables. Todos saben que odio salir a concursar, o intervenir en diversiones masivas. No lo soporto. Pero hoy, frente a todos, y conjuntamente con mi hijo, me tocó cantar, micrófono en mano, que «la cucaracha, la cucaracha, ya no puede caminar, porque le falta, porque le falta, marihuana que fumar», con la voz, o mejor dicho, los «cocorocos» de un pollo, y moviéndome como un pollo -con aleteos, genuflexión y movida de rabo-. André estuvo feliz, y se ganó su canasta de golosinas. Yo también lo disfruté, para qué negarlo. Finalmente, lo hacía por él. Su madre está de viaje por trabajo en San Petersburgo, Rusia, y sólo me tiene a mí. La nana lo adora, pero su motivación es económica, trabaja por un sueldo, no por un mandato del corazón o un llamado de la sangre. Nunca podrán suplantar el amor de un familiar.
Gracias Kenneth y Lilian. Fue una tarde maravillosa, que me hizo recordar que se está aquí por una razón. Ver crecer a André, y ser su sostén, es una razón por sí misma, un kategorische Imperativ kantiano. Qué tonto se pone uno buscando éxito en la acumulación del dinero, objetos, o de los reconocimientos públicos, cuando ser un papá de cinco estrellas, o morir en el intento, valen más que eso. Y es que, los valores no son, valen.
Se me dijo siempre que un buen maestro, es aquel que hace parecer fácil, lo que es difícil. Y vaya que la economía ha sido siempre un tema exclusivo para los entendidos, absolutamente excluyente -esotérico y exotérico-, con su complicada terminología, sus anglicismos, sus doxas y dogmas, sus fórmulas, sus gráficos, sus proyecciones, etc. Tengo amigos economistas, a quienes aprecio mucho, pero no me podrán negar que cuando empiezan a hablar de sus temas, nadie los entiende, y poco a poco, el grupo de conversación se reduce solo a economistas. Los demás, nos vamos alejando, y seguimos con la fiesta. Bien dicen, que «cada loco con su tema».
Pero, toda regla tiene su excepción. Y esa excepción es muy probablemente, la joven comunicadora limeña Luisa Jimena de la Quintana Palacio. Es el único caso, en la televisión peruana, que se mezclan en una sola persona, belleza, buen gusto, información, sencillez e inteligencia. Si bien, su rostro empezó a aparecer como corresponsal para la cadena norteamericana Univisión, en el programa Primer Impacto, siempre conducido por monumentales presentadoras (casi todas puertorriqueñas), es desde hace un poco menos de seis años -en algunos meses los cumplirá-, el rostro y la mente del programa de actualidad económica, Rumbo Económico, por Canal 8, el que empezara con un reducido espacio de 15 minutos, y ahora, es dueña de toda una hora, y a veces, más -reniega cuando producción le pone la música que indica el final, luego de terminada la hora al aire-. Trato de no perdérmelo nunca. Sale en directo a las 7 de la noche, y es repetido a las 11:15 p.m.
Es quizá la frescura de su juventud, sumada a su agilidad mental, su buena memoria, su encanto femenino, su capacidad de síntesis, y el que no sea economista, como la mayoría de los mortales, le dé a la economía, un lenguaje más cercano a las personas de a pie, sin preparación en dicha ciencia. Pasar la hora con ella, luego del trabajo, es francamente nutritivo y refrescante, además de una caricia a la vista.
Otro de sus méritos, es la actualidad de sus temas, y el alto nivel del panel de invitados que concurren a su programa, sin exagerar, los mejores, tanto nacionales como extranjeros. Para cualquier persona, no muy entendida de economía, el programa fluye con facilidad y rápido entendimiento. O en todo caso, cuando el tema es demasiado técnico, no sé cómo, logra que su entrevistado, ayudado por ella misma, explique su punto de vista, y haga llegar al público televidente la información. Si hoy, conozco más de economía y ya no recurro a mi diccionario o al Internet para entender del tema, es en gran medida por su programa. Y es que la economía, recién en los últimos años, es un tema del que se habla, como nunca antes. Su influencia mundial, también es otra. Leyendo a John Maynard Keynes, en su obra Las posibilidades económicas de nuestros nietos, lo podemos notar: «Desde los más remotos tiempos de los que tenemos datos –digamos dos mil años antes de Cristo- hasta principios del siglo XVIII, no se produjo realmente ningún gran cambio de nivel de vida del hombre corriente que habitaba en los centros civilizados de la Tierra. Ciertamente se produjeron alzas y bajas. Visitas de pestes, hambres y guerras. Intervalos dorados. Pero no cambios progresivos ni violentos. Unos períodos son quizá un 50 por ciento mejores que otros –a lo sumo un cien por cien mejores- en todos los cuatro mil años que terminaron el año del Señor de 1700».
Nuestra admirada Jimena, de estado civil soltera -hecho, que tampoco alcanzo a entender-, fue la hija consentida de una funcional familia de clase media, donde hay más de una Luisa -son varias hermanas con ese primer nombre de pila-. Hizó sus estudios escolares en el prestigioso y elitista colegio de mujeres San Silvestre School, ubicado en la Av. Santa Cruz, en el distrito de Miraflores. (Recuerdo que de chicos, mis amigos y yo, sabíamos de antemano, que toda alumna de ahí, actuaba y pensaba como una «pituca», o «fresa», y para invitarlas a salir, y ser aceptado, uno debía de portarse y vestirse, como todo un señorito, y en la medida de lo posible, pedirle prestado el auto a nuestros padres). Posteriormente, ingresaría a la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Lima, ubicada en la urbanización Monterrico, distrito de Surco. Para la creencia de algunos, es una universidad elitista, también. Yo no estaría muy seguro de ello, pero en fin.
Contrariamente a su formación y orígenes, y seguramente lectora de Isabel Allende, cuando afirmara la escritora que «no hay libertad sin independencia económica» (así aparece en su novela Paula), Jimena se olvidó del qué dirán, de los estúpidos prejuicios de clase, y empezó a trabajar en donde se le presentara la oportunidad de hacerlo: ora como degustadora para una cervecera, ora como cajera de un restaurant de fast food, ora como mesera de un japanese restaurant, ora como vendedora de una tienda de ropa, etc. Desde pequeña, fue una chica linda, y facilidad de palabra y desenvoltura, nunca le faltaron. Con el dinero conseguido en estos eventuales part times, compraba la ropa que quería, sus libros de la Facultad, y también obras de literatura y economía, su otra pasión. Aunque si algo le encanta, es el baile, los chocolates, la limonada frozen, la ropa y la tranquilidad de su terraza sanisidrina.
Ojalá otros canales locales copien su excelente sistema, y consigan presentadoras tan amigas de la cámara, y de su público, nunca mejor llamado, cautivo.
Si bien la teoría miasmática de la enfermedad, formulada en el S. XVII por Thomas Sydenham y Giovanni Maria Lancisi ha devenido en obsoleta -como toda teoría científica amén a la dialéctica y al paso del tiempo-, nos ayuda a visualizar lo que representa la señora Bozzo en la sociedad peruana. Agreguemos aquí, que según esta teoría, los miasmas (conjunto de emanaciones fétidas de suelos y aguas impuras) eran la causa de las enfermedades. Hoy, para el ciudadano promedio, Laura Bozzo representa las impronunciables miserias y enfermedades de esta Lima, de casi 8 millones de habitantes.
Su biografía, ya nos anticipaba su personalidad de condottiero, capitana de mercenarios -haciendo mal honor a su ascendencia italiana-. Creció en el seno de una familia de clase media alta (su padre, el Ing. Miguel Bozzo Chirichigno, es un reconocido y galardonado profesional), ingresando luego de terminar sus estudios secundarios, a la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Incapaz de culminar con sus estudios universitarios en esa universidad, hace un traslado externo a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Federico Villareal, donde finalmente se gradúa. Al poco tiempo, ya titulada, formaría parte del Ilustre Colegio de Abogados de Lima, asignándosele la Colegiatura N° 11753, aunque sería después inhabilitada por esta misma institución gremial de poder ejercer la profesión. Las razones se las pueden imaginar. Es interesante señalar, que al juramentar, prometió solemnemente cumplir con el lema del CAL: «Orabum causas melius» -hago mías, las causas mejores-. Ella hizo suyas, las causas más onerosas.
Era de esperar que su carrera profesional fuera mediocre. Su vida familiar, también. Casada con un ingeniero, del que se terminó divorciando, tuvo dos hijas. Nunca tuvo grandes amistades. Hoy convive con un joven argentino, Christian Zuárez, de humilde origen villero, quien podría ser su hijo. Su ingreso a la televisión fue silencioso, conduciendo el programa Las Mujeres tienen la palabra, marcadamente feminista, por RBC, Canal 11, el de menor sintonía nacional. Por aquel entonces, defendía visceralmente a su empleador, el dueño del canal, Ricardo Belmont Cassinelli, y atacaba duramente al ya corrupto régimen de presidente Alberto Fujimori Fujimori. Como casi todos los medios de comunicación se vendieron al régimen, la doctora Bozzo pasó al Panamericana Televisión, Canal 5, con el programa Intimidades. Luego vendría el famoso Laura en América, por América Televisión, Canal 4, absolutamente fujimorista, que la catapultara al estrellato y la internacionalización. La defensa que haría de Fujimori, y de su sombrío asesor, Vladimiro Lenin Montesinos Torres, sería total. Quedaba claro, que sus cañones siempre defenderían a quien mejor le pagara. Al menos, ese era el mensaje. Lo que me sorprende, es que ella nunca tuvo necesidad de dinero, pues siempre lo tuvo. No en grandes cantidades, es verdad, pero siempre tuvo satisfechas todas sus necesidades, y uno que otro lujo. Lo que ella aspiraba, era el reconocimiento colectivo, y quizá más aún, el familiar. Su hermano, un inteligente ingeniero civil, siempre la eclipsó, y eso no se lo perdonaría. Era su oportunidad de demostrarle al mundo, a su grupo social, a su familia, quien era ella y cuanto valía, no importaba el cómo. Como su mentor y supuesto amante, Vladimiro Montesinos, se inspiraría en las vidas de Cesare Borgia y Joseph Fouché; sus libros de cabecera serían desde entonces El Príncipe de Nicolás de Machiavelo, Fouché, El Genio Tenebroso, de Stefan Zweig y El Arte de la Guerra, de Sun Tzu. ¿Su límite? Ya no habría límites, todo lo que se propuciera, lo tendría, de una u otra manera. El fin justificaba los medios.
A mí, nunca me interesó ni su vida ni su trabajo. Hasta que una tarde, en una taquería del estado de Chihuahua, al norte de México, conversando con unos campesinos chihuahueños, no querían creerme que soy peruano. ¿Por que?, les pregunté. Me respondieron que los peruanos no tienen dientes, según veían en el programa de la señorita Laura. Reí, mostrando orgullosamente mi cuidada dentadura, y les dije que yo era bien peruano, y les conté parte de ese mal teatro televisivo. No sé si me creyeron, o pensaron que estaba sangrando por la herida. Es mismo año, almorzando en el aeropuerto de Costa Rica con un grupo de centroamericanos, me preguntaron por las polladas y los carritos sangucheros, de los que tanto se hablaban en el programa de Laura Bozzo. Me afirmaron, también, que antes del programa, tenían una idea bastante elitista del peruano, de ciudadano cultivado, educado, de buenas maneras. El referido programa, había terminado con eso. Bueno, hay que reconocer que la imagen era falsa, pero al menos nos veían con buenos ojos. Hoy, no es así. Representamos la barbarie de la región, el vil infierno del que nos cuentan Dante Alighieri y Enmanuel Swedengorg.
Si algo te debemos, Laura, es eso, la vergüenza internacional. No te sorprendas, entonces, por qué se te odia tanto aquí. No te sorprendas, porque tu programa fue censurado hace muchos años. No te sorprenda, porque eres noticia actual, y se te destapan todas tus entrevistas trucadas, toda la farsa del show, de la ayuda económica y legal. Todo es una mentira, porque las historias y los ampays son también mentira. ¿Y tú te haces llamar la defensora de los pobres? Los pobres del Perú te han hecho una mujer pública y acaudalada, pero profundamente despreciada. Que termines como Fouché, y que la historia te condene, no me sorprendería. Dios me dé vida, para verlo.
El origen de Batman se remonta a mayo de 1939, cuando apareciera por vez primera en el número 27 del comic book Detective Comics, en la historia El extraño caso del sindicato químico, publicado por la editorial National Publications. Aunque no se termina de confirmar, se dice que surgió de las mentes del artista Bob Kane y el escritor Bill Finger. La historia oficial sólo le da la paternidad del hombre murciélago a Bob Kane. Luego de Kane, varios han sido los artistas que han ido modificando su apariencia (Neal Adams, David Mazzucchelli). Si bien, la calidad de súper héroe le otorga poderes sobrenaturales, Batman, o Bruce Wayne, el multimillonario detrás del disfraz, es el más humano de todos los de su clase. Y es ésa, quizás, la razón por la que tenga mayor identificación con sus miles de miles seguidores.
Las causas que lo llevan a ser un justiciero, en otras palabras, un vengador, son también muy humanas: el cobarde asesinato de sus padres, Thomas y Martha Wayne. Luego de varios años de aprendizaje y formación, a los 27 años de edad vuelve a Gotham City, a equilibrar la balanza entre el bien y el mal. No por nada, Superman luego afirmaría, que «Batman es el hombre más peligroso de la tierra». Entonces, no faltan los motivos para que, como muchos, elijamos a Batman como nuestro héroe de ficción favorito.
Yo de chico, siempre quise disfrazarme de Batman, leer sobre Batman, no perderme un episodio de su serie televisiva, tener un juguete de Batman, en fin, ser como Batman. Algunas de esas cosas, no se pudieron cumplir. Si bien, nacido en el seno de una familia de clase media bastante holgada, el hecho que mis padres tuvieran una prole de 6 hijos, nos hizo entender pronto a los hijos que no todo lo que deseáramos, lo podíamos tener. En ese momento no se entiende, sólo se maldice la mala suerte y la estrechez de la propina. Pero cuando toca ser padre, todo se torna clarísimo. Lo peor que puede hacer un padre, es complacer siempre a los hijos.
Pero cuando André me pidió ser Batman, no le podía decir que no. Y es precisamente André, el enano que aparece en la foto, con su antifaz algo chueco. También me pidió que le comprara un DVD del mismo súper héroe. Sabedor que no iba a poder entender la trama (a los 4 años muy poco se entiende), al menos veríamos juntos la película, comiendo tortis picantes, que tanto nos gusta compartir. Tengo que admitir que ese nivel de relación no llegó a haber nunca con mi padre, don Luis Fidel Zárate Arce (RIP). Él la tenía clarísima, un hijo no puede ser amigo de su padre, por más que lo intente. La razón es la misma que tenía el emperador chino, para no tener amigos. Sólo se puede ser amigo de los iguales. En el caso del emperador chino, como hijo de un Dios, no tenía iguales en la tierra, por tanto, no podía tener amigos. Y en el caso del padre-hijo, el hijo siempre le debe respeto a su padre, vive de él, aprende de él, depende de él. No están en un mismo nivel. Además, amistad implica confidencialidad, cierta intimidad que únicamente encontramos en un amigo.
Entre amigos, nos podemos emborrachar, mandarnos a la mierda, y al día siguiente, estar como si nada hubiera pasado. No imagino una situación similar con mi padre. Aunque ya no está con nosotros, y hoy seríamos dos adultos independientes uno del otro, siempre habría de mi lado veneración, respeto, incluso sumisión, en el mejor sentido de la palabra. Los tiempos han cambiado, es verdad. Pero hay ciertos patrones que no deben de cambiar nunca. El sentido de autoridad debe de estar siempre presente. Si crecemos sin eso, poco quedará del concepto de sociedad, y todo lo que ella importa.
Como le gusta decir a un sociólogo amigo mío, «sería una anomia de mierda».
Puedo ser juzgado apriorísticamente y terminar malamente condenado, como un huachafo anacrónico y ridículo. Pero me corro ese riesgo, y no por gustar exponer públicamente mi buen honor, sino, porque cuando uno escribe, queda en compromiso con sus lectores. Y han sido los correos electrónicos de algunos pocos, residentes de Asunción, el DF, Buenos Aires, Santiago, Vizcaya, Ayacucho, Trujillo y Lima, preguntándome por el origen y la heráldica de este apellido, Zárate, que también es mi apellido. Prometo a mis demás lectores, -dispensándome por el exceso de vanidad que mueve mi pluma-, que no vuelve a ocurrir. Esta es la primera y última vez, que los aburro con empresa tan baladí.
El apellido de lengua euskera Zarate, tiene dos componentes. El primero es la palabra zara que se traduce al castellano por bosque o jaral. El segundo componente es la palabra ate que significa paso, puerta, garganta o estrechadura de un valle, desfiladero. Por lo tanto zarako atea significa paso de bosque.
Según Lope García de Salazar, en su obra Bienandanzas e Fortunas, los Zárate proceden de Rodrigo Ortíz de Zárate (c.1200), un hijo bastardo de don Fortún Sánchez de Salcedo, VI señor de Ayala: «El linaje de Çárate son escuderos antigos en Urcabostas e en Çuya e su fundamiento fue de Rodrigo Ortiz, fijo vastardo de don Furtud Sánchez de Salzedo, Señor de Ayala, que pobló en Çárate e fizo fijos e fijas e moltiplicaron allí. E d'éste, del que ay más memoria fue Juan Ortiz de Çárate, que fue toda su vida Prestamero de Vizcaya por Juan Furtado de Mendoça de Fontecha, que ovo fijos a Estívaris de Çárate e a Rodrigo de Çárate e a Ferrando de Çárate e a Juan de Çárate e a Pero de Larrea de Cornoça. E d'este linaje ay buenos escuderos de aquel solar» (Op. Cit., Libro XX). Su primitiva casa radicó en Zárate, un pequeño pueblo del Municipio de Zuia y de la cuadrilla del mismo nombre, cercano a Murguía (Araba), situado a 730 metros sobre el nivel del mar, en la vertiente alavesa del monte Gorbea, que separa Araba de Bizkaia. Según el nomenclator foral de Araba, de 1999, ese año contaba con 25 habitantes. El apellido se extendió a Markina de Zuia, Zurbano, Zigoitia, Ondategui y Urkabustaiz (Araba). También hay representantes de este linaje en Gernika, Lumo, Arratia (Bizkaia), y en Gipuzkoa. Es el mismo linaje de del apellido Ortíz de Zárate. El lugar de origen de los Zárate de nuestro linaje es Unzá, Araba, aldea situada muy cerca del lugar de Zárate.
Este linaje vasco ha producido muchos ilustres varones en las armas y en las letras, cabe destacar a don Diego de Zárate, a quien el Emperador Carlos V le concedió las armas que quedan representadas como consta por el Real Privilegio, del cual se extrae el siguiente texto: «Carlos V, augusto por la divina clemencia, Emperador de los romanos, rey de Alemania, de las Españas, de las Dos Sicilias, de Jerusalen, de las islas Mallorca y Canarias, del Nuevo Orbe de las Indias, etc., Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, Señor de Flandes, etc. A nuestro querido y fiel criado Diego de Zárate, nuestro soldado e caballero dorado, nuestra gracia cesárea y todo». Continúa el Real Privilegio haciendo mención a la honra que merece el buen siervo, hasta llegar a la concesión de los blasones, «estando presentes gran copia de príncipes, señores y nobles, con las solemnidades usadas y acostumbradas, por las presentes letras, de la misma manera te hacemos y concedemos los ornamentos pertenecientes a este grado y te adornamos con la dignidad de caballero, decretando que de aquí en adelante por todo el imperio romano y en toda tierra y lugar del mundo, seas habido y tenido por caballero dorado... y a ti, Diego de Zárate, y a tus hijos legítimos, de cualquier sexo y a los herederos y descendientes de ellos, para siempre jamás de nuevo, concedemos y damos, conviene a saber, el escudo de oro, o de color rojo, dividido de una raya negra en dos, y en la de abajo cinco panelas de color encamado, con asas hacia arriba, añadiendo a estas nuestra águila real, negra de una cabeza y en la cabeza la corona real de oro, una real en la siniestra y imperial en la diestra que digan te hallabas presente cuando recibimos esta en Bolonia y aquella en Aquigrán». Lleva fecha de 24 de febrero de 1530.
En lo que fue el virreinato del Perú, son muchos los personajes de este mismo apellido. Juan Ortiz de Zárate, por ejemplo, fue alcalde de Lima, y partidario de Francisco Pizarro, a quien viera morir, en su última lucha cuerpo a cuerpo. Tenemos también noticias, por aquella época, del oídor Zárate, licenciado miembro de la Real Audiencia (primera mitad del S. XVI), quien se hiciera famoso por «los tres motivos del Oídor», según nos cuenta Ricardo Palma en sus Tradiciones Peruanas. Por otra parte, fue muy comentada en su tiempo, la muerte por envenenamiento del Obispo de Huamanga (capital del departamento de Ayacucho), también apellidado Zárate. Fue a su vez, comidilla de la multitud durante la Colonia, la vida licenciosa del Marqués de Zárate. Ya en la época de la Independencia Continental (1820), fue notable la valientía de Inocente Zárate, conocido como Inocente Gavilán, joven trujillano, criollo legítimo, bravo como el que más y alegre como una zamacueca. También tenemos que Hernando de Zárate, por 1593-1594, fue gobernador de Río de la Plata, cuando aún era parte del Virreinato del Perú.
Otro ejemplo notable es don Agustín de Zárate, cronista e historiador español. Durante quince años fue contador del Consejo de Castilla y en 1543 fue nombrado contador de mercedes para el Virreinato del Perú y Tierra Firme. Llegó a América, al Virreinato del Perú, en 1544 en la expedición del primer virrey, Blasco Núñez de Vela. Estando en este puesto la Audiencia de Lima le nombró como negociador entre los encomenderos, que estaban al mando de Gonzalo Pizarro y el virrey. En plenas negociaciones fue apresado por Gonzalo Pizarro. En 1545 volvió a la Península donde hizo frente a una acusación de traición. En la corte y por encargo del príncipe, el futuro Felipe II, escribió una historia y descubrimiento del Perú, que narraba tanto la conquista por parte española como acontecimientos anteriores, teniendo como límite cronológico la muerte de Gonzalo Pizarro. Esta obra fue impresa en 1555 en Amberes, donde se encontraba ejerciendo la gobernación de la Hacienda de los Países Bajos, cargo que le proporcionó el emperador Carlos I como recompensa de sus buenos servicios en América. La obra fue impresa con el título de Historia del descubrimiento y conquista de la provincia del Perú. Fue reimpresa en Venecia en 1563 y en Sevilla en 1577. Además, fue traducida al francés, el alemán, el inglés y el italiano. De gran calidad literaria, la obra no deja de hacer patente la concepción personal del autor en la narración de unos hechos en los cuales, en muchos de ellos, él tomó parte.
Finalmente, en la actualidad Zárate es una importante ciudad de la provincia de Buenos Aires, en Argentina. Además, es la urbanización más pujante, del distrito más grande de la ciudad de Lima, San Juan del Lurigancho.
ADVERTENCIA: Los apellidos, genéricamente hablando, no tienen escudo. Se trata de uno o algunos de sus linajes quienes pueden tenerlo. Un linaje es una rama familiar que tiene ese apellido, pero ello no quiere decir que a todos sus homónimos les corresponda ese escudo o blasón. Solo a esa rama familiar, es decir, a ese linaje al que se le concedió, que pudo ser por muy variados motivos, le corresponde el derecho de uso de su escudo de armas. De ninguna manera al resto de sus homónimos.
Dejemos de llamarlos «los escudos de los apellidos». Es un forma incorrecta de denominarlos, y se presta a la confusión y a abusos mercantilistas, por parte de aquellos que intentan venderle un escudo por el hecho de llevar el mismo nombre que el de su familia.
Yo pienso que no. Tampoco se equivocó, cuando fuera British Prime Minister, doña Margaret Hilda Thatcher, al afirmar que «Latinoamérica no existe. Sólo existen países latinoamericanos». Es cierto, desde el colorido México al larguísimo Chile -con la solas excepciones del gigante Brasil y del pequeño Belice- se habla el español como idioma oficial. Tenemos pues, en este lado del mundo, a países hispanohablantes como Guatemala, Honduras, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Panamá, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Uruguay, Paraguay, Argentina. Somos también, hijos de una misma raza autóctona, precolombina, que desarrolló pequeñas y grandes culturas -maravillosas todas- como la azteca, la maya, la moche, la chibcha, la tolteca, la aymara, la inca, la araucana, la mapuche, la zapoteca, etc. Ya antes de la Conquista, fuimos hermanos, aunque con muy poca comunicación. En la época de la Colonia (del S. XVI al S. XIX), fuimos siervos de una misma potencia europea: El Reino de España, que nos inyectó la cultura occidental de la que tan poco provecho, hemos sacado. También por entonces, la comunicación entre virreinatos fue mínima. Aunque en la época de la lucha por la Independencia continental, hubo cierto apoyo de los países vecinos, sobretodo de Argentina (José de San Martín), Chile (Bernardo O´Higgins) y Venezuela (Simón Bolívar); lamentablemente, y como siempre pasa en estas tierras, intereses subalternos y baladíes arruinaron el sueño de hacer una sola América. Don Simón Bolívar, verbigratia, hablaba de una Gran Colombia. Otros genios nuestros, como el venezolano Francisco de Miranda, o más modernos, como el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, también soñaban con una misma América.
El problema es grave. Mientras Europa -para variar- nos da el ejemplo de unión de mercados y algo más, con la evolución de su Comunidad Económica Europea, a una más funcional Unión Europea (que fue fruto de la Unión del Carbón y el Acero, entre los archirrivales Francia y Alemania), independientemente de los arraigados nacionalismos, la América Latina se balcaniza con amenazas de guerras absurdas. Chile no llega a cooperar abiertamente ni con Argentina ni con Perú, y viceversa, por las mismas razones que tiene Bolivia con Chile. Y Venezuela no para de provocar a Colombia, y Colombia a Ecuador, y Ecuador a Perú (la guerra del Cenepa es reciente, históricamente hablando). Como naciones soberanas, independientes, llevamos ya casi dos siglos en las mismas estúpidas disputas. Sobretodo, en épocas electorales, donde se exacerba el sentimiento nacionalista, se desempolvan viejos y ambiguos tratados internacionales, y se vuelve a hablar de invasiones comerciales, ilegales ocupación territoriales, incumplimiento de los compromisos internacionales, incursiones militares, bombardeos del suelo patrio, etcétera. Bien nos advertía Aristóteles en La Política, «quien no aprenda de la historia, está condenado a repetir sus tragedias». Nuestros políticos, desaprobarían cualquier examen de historia, incluso el más simple.
El actual pleito de Rafael Correa (presidente del Ecuador) -apoyado en Hugo Chávez (presidente de Venezuela) y Daniel Ortega (presidente de Nicaragua)- con Alvaro Uribe (presidente de Colombia) -apoyado en George W. Bush (presidente de los Estados Unidos)-, me hace recordar a tantos otros, inútiles, pero sí muy costosos a sus pobres economías. Por lo menos, el diferendo territorial entre los gobiernos de Michelle Bachelet (presidenta de Chile) y Alan García (presidente del Perú) se está llevando por la vía judicial, ante el Tribunal Internacional de la Haya, como hacen hoy en día, los países civilizados, que piensan en la visión que proyectan al exterior. No extraña entonces, que reuniones como la APEC (Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico) se haya realizado exitosamente en Chile, y ahora en el Perú. Que sea Chile el único país en la región calificada con el grado de inversión, y que Perú esté a punto de alcanzarlo, tampoco me sorprende. Que tengan un crecimiento sostenido hace buenos años atrás, menos. Y que empiecen a decrecer sus ratios de pobreza, mucho menos aún.
Las oportunidades para los países latinoamericanos de llegar a ser un día países de renta alta, no van a esperar a que primero solucionen sus riñas de niños de escuela primaria. A veces, pareciera que Brasil se salvó de todo este zafarrancho, por hablar portugués y no español. El que sea incluido en la tesis de Jim O´Neill, del BRIC (Grupo económico conformado por Brasil, Rusia, India y China), me lleva a creer así. Es un país maravilloso, en dónde, aún no me explico cómo, no se terminó casando mi hermano José María. Sus playas edénicas, y las curvas de sus garotinhas, son razones de sobra, para no querer dejarlo nunca.
Todo mundo habla del sentido común, o mejor dicho, de tener un buen sentido común, o de hacer las cosas usando el sentido común, o de su muy particular sentido común, y así (por ejemplo, el mensaje completo de la figurita del costado es: «El problema de mi sentido común es que no es común para el común de la gente»). Entiéndase entonces, que este común sentido tiene, a la larga, muy poco de común.
Para algunos, es el más escaso de los bienes, al afirmar que «el sentido común, es el menos común de los sentidos», mientras que otros, más optimistas, como Rene Descartes, señalan en el Discurso del Método, que «Le bon sens est la chose du monde la mieux partagée», que traducido al español, sería «lo que está mejor repartido en el mundo es el sentido común». Ahora, según algunos pensadores, su objeto son las sensaciones de los demás sentidos externos aunque no en el mismo plano que ellos, ya que su función no versa sobre los objetos exteriores, sino sobre nuestra sensación de los objetos. Vendría a ser, en cierta forma, la raíz y principio de la sensibilidad externa, radix et principium sensuum externorum.
A propósito del tema, nos ha llegado a nuestros días la célebre historia de la infalibilidad del nudo gordiano, y de la leyenda de que, quien pudiera desatarlo, conquistaría Oriente -augurio formulado por el mismo Gordias, creador del nudo-. Pues fue justamente Alejandro Magno, y su filosa espada, quienes un buen día lograron romperlo. Eso sí, no haciendo uso de una inteligencia superior, sino, de un solo zarpazo de la espada. Por ello, se le ha atribuido al general masedónico la frase: «Esa es la manera dictada por el sentido común de conseguir una cosa que se desea». Un sentido común maquiavélico, que en procura de un fin, se vale de cualquier medio.
Yo quiero pensar como Descartes, que el sentido común es consustancial al ser humano, que todos lo tenemos, y que las más de las veces, hacemos un buen uso de él. Incluso, lo emparentaría con el instinto, ese irracional mensajero que nos advierte desde nuestro interior, y nunca falla. Otra cosa, es que no lo queramos escuchar. Ojo, que antes que racionales, somos animales, no lo olvidemos nunca.
Mucho cuidado, lectores, porque si callan esa voz, es muy probable que no la vuelvan a escuchar nunca. Y eso, sí que es estar perdido.
Etienne era uno de los estudiantes más brillantes de la universidad, y también, una de las personas más brillantes que había conocido, hasta ese entonces. Si alguien de nosotros, algún día, podría llegar a la categoría de genio-loco, era sin dudarlo, él. Me encantaba cruzarme con él, en los pasillos de la facultad, y seguir con nuestras clásicas discusiones bizantinas, acerca del amor, Dios, la inmortalidad, el alma humana, los vampiros, etc. Siempre tenía un punto de vista inusual, y sin embargo, coherente, racional, convincente. Ya por entonces, yo disfrutaba mucho haciendo las veces de Advocatus Diaboli. Me reñía constantemente, acusándome de ser un gran pendejo (pendejo a la peruana, todo lo contrario de la versión mexicana), porque nunca tomaba partido por ninguna posición ideológica, y si opinaba, era para dar la contra, y sentir placer, cuando hacía que mi opositor se contradijera. Bueno, puedo decir a mi favor, que algunos disfrutan halando cometas; lo mío, por aquel entonces, era la polémica de cafetín.
Aunque ya no nos vemos hace unos buenos años, y he perdido por completo su rastro -la última vez que lo vieron, fue dando una pequeña charla en una librería del Barrio Latino de París-, hoy más que ayer, me puse a recordarlo. La razón: me crucé sin querer con su ex esposa en un supermercado sanisidrino, mientras compraba algunos productos perecibles para el menú de la semana; la elegante y rubilinda María del Pilar Valle-Riestra, ex de Schlamauss, que es como se apellida Etienne. Me reconoció al instante, y como viejos amigos, empezamos a hablar del pasado. Me acompañó a terminar con mis compras, llevamos las bolsas al estacionamiento, las ordenamos en la parte posterior de la camioneta, y nos dirigimos a la cafetería que teníamos frente a nosotros. No les voy a dar el nombre del lugar, porque el café fue algo que no volvería a repetir. Me cobraron como si me hubieran servido una copa de J.W. blue label, cuando era un café robusta más amargo que la caca de Pitufo Gruñon. En fin, esas cosas suelen pasar hasta en las mejores metrópolis.
Luego de una divertida charla de casi dos horas, nos despedimos con besos y abrazos, y prometimos llamarnos el fin de semana siguiente para volver a recordar -sanamente- viejos tiempos. Ambos sabíamos muy en el fondo que eso no iba a ocurrir. Ella es una mujer felizmente divorciada presuntamente decente, y yo, un hombre felizmente casado presuntamente decente también. Además, nos habían reconocido un par de personas que también estaban tomando café allí, asi que, si no le poníamos un rápido stop a todo ello, las malas lenguas iban a empezar a inventar e inventar e inventar. Es una pena que en Lima casi nadie crea que un hombre sí puede ser amigo de una mujer, y no por ello, querer llevársela a la cama, y viceversa. En fin, c´est la vie. Digamos ahora, que lo que hizo extendida la plática, fue conocer los pormenores de su fallida relación matrimonial.
El buen Etienne siempre se ufanó de ser todo un caballero a la vieja usanza, absolutamente detallista, extremadamente atento con toda fémina que trataba con él. Decía que el amor se manifestaba en el detalle, así por ejemplo: en caminar al lado derecho de tu acompañante, en abrirle la puerta del auto, en siempre pagar la cuenta, en nunca olvidar un ramo de rosas o flores -según la estación y los ánimos- en cada cita que tuvieran, entre muchos otros casos. Yo lo escuchaba, y honestamente, le creía. Eres todo un galán, le decía. ¡El último de los galanes, carajo! Hasta que se casó con Maripi. Fue ella misma, y no un observador, quien me contó de la manera más objetiva, lo que fue vivir con él, sobretodo los últimos dos años. Una persona fría, predecible, temperamental, ofensiva. Qué lejano, de aquel romántico que había conocido. Bueno, habría que escuchar la versión de Etienne. Pero, si me preguntan a mí, creo que Maripi no exageró ni así. Son rarísimos los casos de "galanes" donjuanezcos, que no sean su antítesis luego de comprometerse. La costumbre, la rutina, o no sé qué, los vuelve tanto o más fríos y apáticos que aquellos que se mostraron simples, burdos, planos, al momento de declarar su amor a alguien. Al menos estos segundos, nunca mintieron, mantuvieron siempre su forma de ser. Los otros, fueron actores hasta que se bajó el telón.
Y es que, una cosa es la opinión, la teoría, y otra muy distinta, la práctica. ¡Mujeres del mundo, oídme! No se compliquen la vida buscando un unicornio en una manada de burros. Los hombres casados somos seres simples, pedestres, que sólo queremos estar tranquilos y pasarla bien, en la medida de lo posible. En otras palabras, no queremos que nos jodan a cada rato. Ya no estamos para conquistar ciudades sitiadas en su nombre, ni montar estrellas fugaces con su nombre. BIen decías, querido Abelito de Manhattan, «el matrimonio es el descando del guerrero».
Una frase común entre los abogados, es que pocas cosas son tan fáciles, como constituir una empresa. Lo engorroso y complejo, es cerrarla. Obviamente, nadie empieza una empresa para cerrarla al poco tiempo, pero por razones tan comunes como la falta de asesoría, la poca información, la ausencia de valores, la incapacidad de los gerentes, la descapitalización, la poca rotación de bienes o servicios, etc., hacen que, lo que un día fue alegría, se convierte en fatalidad -en términos figurados, claro está-.
Y es que el ánimo, el entusiasmo, las ganas, se centran en los gastos pre-operativos, y se olvidan, casi por completo, de los gastos operativos, tanto o más importantes que los primeros. Y no porque no haya donde ir a preguntar y asesorarse, sino, porque lo consideran un gasto absurdo, irrelevante, prescindible. O porque el nuevo empresario, cree, que ya lo sabe todo, y que nada nuevo, le van a enseñar. Finalmente, es su plata, y si la pierde, o gana más, es su asunto, su business. Craso error. Por eso, no sorprende, que cuando se evalúan distintas empresas, del capital humano (su personal, la gente que trabaja en su empresa), sólo se aprovecha un 20% de su capacidad operativa, desperdiciándose mes a mes, el 80% de algo por lo que ya pagó, acelerando de esta forma, el proceso involutivo de su negocio. Para toda empresa que tenga más de tres miembros, independientemente de si son familiares o no, deben incluir en su plan de acción los siguientes tres puntos:
Descripción del trabajo: Es decir, qué le toca hacer a cada quien, elaborar un manual de funciones, delimitar responsabilidades, establecer el desempeño que se espera de cada uno de los que integran su capital humano. Si logran en este punto el paradigma de François Rabelais: trabajad cada uno según vuestra propia vocación, considérese un gerente exitoso. Es aquí fundamental el trabajo conjunto con quien seleccionó y capacitó al personal, porque con él, podrán ubicar en la mejor posición, a la persona más apta, no la más carismática o amiga. Nunca lo olvide, estamos hablando de su dinero. Si lo quiere regalar alegremente, considere también las fundaciones, los hospitales, los orfanatos, entre otros. Porque cuando se le acabe la plata, los muy amigos, pasan a ser, muy extraños. Exacto, «si te vi, no me acuerdo».
Evaluación del Desenvolvimiento: Cada cierto período de tiempo, ya sea trimestral, o semestral, o como mejor lo prefiera, se debe de evaluar el trabajo de todo su personal. Instancia por instancia. Si no los evalúa, nunca sabrá si están haciendo bien su trabajo, o si podrían hacer más, o si necesitan capacitación, o un mayor aliento. Tome su tiempo para pedirles a sus trabajadores, qué más necesitan para hacer una labor de excelencia. Entrevístese con ellos, conozca lo que sienten, piensan, esperan de usted. No olvide que las personas no constituyen costes, factores de producción ni bienes. Son inversores en su negocio, que pagan con capital humano y esperan conseguir un beneficio por su inversión.
Administración del sueldo: En otras palabras, pagar valor con valor. Hacer un justo pago por el trabajo que ha sido prestado. Es por ello tan importante el punto anterior, porque de acuerdo al desenvolvimiento, se le debe de pagar a las personas. Quien da más de sí, quien invierte más de sí, consecuentemente, obtendrá más para sí. Sea lo más objetivo posible, y en la medida de lo posible, promueva a su gente, con aumentos, cada vez que vea que se esfuerzan por alcanzarlo.
Bueno, pues, manos a la obra. Y por favor, no sean mezquinos a la hora de pedir ayuda. No vean la consultoría empresarial como el negocio de unos vivos, es importante. Pero tampoco se vayan donde el primero que les ofrece resultados mágicos. Investiguen ofertas, y cuando tengan al menos tres opciones, elijan la mejor por calidad y precio. Si tiene las tres "b" (bueno, bonito y barato), y pueden crear una relación duradera con este proveedor de servicios, van acelerados hacia el éxito.
Aunque a esta frase se le ha dado más de una interpretación -algo han tenido que ver con ello las canciones de Silvio Rodríguez, por un lado, y por el otro, la de Fito Páez y Joaquín Sabina-, la que más fuerza tiene es la que se refiere a la redundancia, porque llover, que es lo mismo que mojar, sobre algo mojado, es bajo todo punto de vista, una redundancia, valga la redundancia.
Para el DRAE, en su segunda acepción, es sencillamente la repetición o el uso excesivo de una palabra o concepto. Hemos de afirmar también, que la redundancia (viene del latín undare, inundar, anegar, de manera que re-undare es volver a inundar) constituye una forma de asegurar la transmisión y de establecer concordancias entre los elementos lingüísticos en los niveles morfosintácticos, léxico-semánticos y fónicos. En los lenguajes literarios es especialmente elevada a fin de asegurar la perdurabilidad del mensaje, y la impresión en la memoria y la imaginación, merced al placer estético que ocasiona. Para don Leopoldo Wigdorsky (RIP), en su artículo Algunas dimensiones de la redundancia, redundar es inundar con palabras casi siempre innecesarias; del griego viene el término pleonasmo para referirse a esta figura retórica –y observe el amable lector que escribí “figura” retórica y no “vicio” retórico, porque las redundancias o los pleonasmos léxicos, a veces, son inevitables o hasta justificables.
Convengamos pues, que redundar es repetir, repasar, revivir. Esto, en el mejor de los casos. ¿Pero qué sucede en el peor? En Lima, capital del Perú, tenemos nuestros particulares excesos, lapsus brutus, o "rocotas", como les decimos acá. Imagínense subir a un bus, y que el cobrador les conmine en voz alta a: "avanzar adelante". O cuando esperan a la novia que termine de arreglarse, y ésta, desde su ventana les grite: "espérame, ahorita salgo afuera". O cuando alguien le ordena a otro: "Ya pues, baja aquí abajo". Y así, ejemplos mil, sin llegar a la vulgaridad. También, escuchar la radio, o ver los noticieros de la tele, es harto ilustrativo para los cazadores de redundancias, porque son unos bombarderos B-2 de puras rebuzno-redundancias. El problema está en el abuso indiscriminado de estas notorias redundancias, a las que la gran mayoría de personas les ha dado categoría de correctas, y es que son, hoy por hoy, casi casi, imperceptibles para el oído contaminado.
No se trata de ahorrar palabras, simplemente, de usar las necesarias, o en el mejor de los casos, las adecuadas. Una de las cosas que mejor caracteriza a las personas cultivadas, es el buen hablar. Da gusto, cuando tenemos al frente alguien que hace malabares con el lenguaje; cual encantador de serpientes, nos deja embelesados y boquiabiertos. Les doy un consejo a los que andan en busca de novia, hablar prolijamente es la forma más rápida y segura de meterse al bolsillo a los suegros. Modestamente, en mi edad juvenil, nunca me falló. Pero hay que pensar bien en lo que se dice, leer literatura, de la heavy o de la light, no importa, lo que importa es leer y aprender, cultivarse. Cuando uno viaja al exterior, el idioma universal, que desvanece murallas, es el de la cultura, posibilitadora de imposibles. A la gente, en ese punto, no le interesa el color, la nacionalidad, el origen. Sólo cuenta el medio comunicante, que nivela y no discrimina. Al principio, está el natural rechazo al distinto, al foráneo, al extranjero. Pero, cuando las mentes encuentran su sintonía, a través de los temas comunes, a través de esa necesidad tan humana de nutrir el intelecto, el alma, las puertas se abren para siempre. Hagan la prueba, no gano yo, ganan ustedes.
La República Popular de China (en chino simplificado, 中华人民共和国) siempre se distinguió, en sus primeras generaciones de cineastas, por películas risibles y exageradas, donde los protagonistas un poco más, y volaban por los aires como halcones. Los argumentos eran pobres, la fotografía paupérrima, las artes marciales eran el plato principal, la trama previsible y las mujeres casi siempre eran presa de lujuriosos violadores. Si bien se pueden encontrar algunas sagas épicas, nada memorables, la vanguardia en el continente amarillo la llevaba Japón, y en particular, el afamado y recordado Akira Kurosawa (RIP).
Esta situación ha cambiado drásticamente. Son los chinos, ahora, quienes ponen la pauta en el género, y exponen al mundo un cine épico imposible de dejar pasar. Con temor a equivocarme, creo que el punto de quiebre empezó con la película Crouching Tiger, Hidden Dragon, protagonizada por Chow Yun Fat, Michelle Yeoh y Zhang Ziyi. El año 2000 obtuvo 4 premios Oscar de la Academia, de 10 nominaciones a la misma dorada estatuilla. Fue considerada por la crítica occidental, como una de las grandes películas hechas hasta la actualidad. Yo la vi por primera vez en un multicine de Los Angeles, y la verdad, me gustó mucho, además, el soundtrack de la película es altamente recomendable (una de las primeras cosas que hice, después de verla, fue comprarme el DVD y el CD en el Walmart más cercano). Luego vendrían, confirmando esta creciente tendencia cualitativa, grandes producciones como Hero, protagonizada por Jet Li, Tony Leung Chiu-Wai, Maggie Cheung Man-Yuk, Zang Ziyi, Chen Dao Ming; Warlords, en la que actúan Jet Li, Andy Lau, Takeshi Kaneshiro, Jinglei Xu; El Mito, con un reparto conformado por Jackie Chan, Kim Hee-Sum, Tony Leung Chiu-Wai, Mallika Sherawat; The Promise, con actores como Hiroyuki Sanada, Jang Dong-Gun y Cecilia Cheung; La Casa de las Dagas Voladoras, en la que participan Takeshi Kaneshiro, Andy Lau Tak Wah, Zang Ziyi, Song Dandan; y para no hacer muy extensa la lista, La Maldición de la Flor Dorada, que cuenta con Liu Ye, Chen Jin, Chow Yu Fat, Jay Chou, Gong Li. Ahora, sólo estamos hablando de cine épico, porque en otros géneros, la oferta es también numerosa.
Yo soy un confeso aficionado -por no decir vicioso- del cine épico, independientemente de su origen. Pero no se puede pecar de mezquino, y no reconocer el salto en cuanto a calidad de los productores y directores chinos. Su arte escénico es milenario, por lo que no me sorprende el encontrarme con estupendas caracterizaciones. Es interesante e indicativo, que en la actualidad, muchas escuelas de postgrado de cine, sea el nuevo cine chino, sobretodo la quinta y sexta generación, materia de estudio y de tesis de investigación. Bien dice Fernanda Solorzano, en un artículo publicado en Letras Libres: "La historia del cine chino es indisociable de la historia reciente de China. Cada generación de cineastas se replantea la relación entre estética y política. Las conclusiones de los directores más jóvenes son apabullantes: si algo caracteriza a la sociedad china de hoy, son los sentimientos de soledad y alienación". El arte, incluido el cine, no escapa de ser un reflejo de su tiempo, de su sociedad.
Como es de suponer, la oferta de películas chinas es abundante, y no todas serán del agrado de quien por primera vez, se sumerge en el cine chino. La mayoría de neófitos las considera monotemáticas, surealistas, aburridas, porque escoge la primera que ve en un mostrador, sin documentarse. Y esa, es una falta grave para su tiempo, y sus bolsillos. Antes de comprar una película, anoten los títulos que se ofrecen, y luego revisen alguna reseña en el internet. Así de sencillo. Las que yo he señalado no tienen pierde, aunque una es más heavy que la otra. Vayan con calma, que Roma no se hizo en un día. Si después de haber visto todas ellas, y no se consideran fanáticos del nuevo cine épico chino, el problema no lo tienen las películas, sino, de quien las ve por ver.
Es así, como el genial Wilhelm Apollinaris de Kostrowitzky, más conocido como Guillaume Apollinaire, en Las once mil vergas, define a las posaderas. Bueno, esta es sólo una forma consensual de llamarlas (dependiendo de la latitud, también se le conoce como culo, poto, traste, nalgas, trasero, derrière, ass, pompas, cola, tarro, asentaderas, y un largo etcétera). Incluso otros, más líricos, la nombran sin nombrar, indicando que es la zona en la que la espalda pierde el nombre.
No voy a ser yo, quien ahora escriba un extendido artículo sobre el culo. Hay muchísimas páginas en la web que lo hacen, aunque con casi nada de información, y sí, mucho espíritu pornográfico y una extrema vulgaridad. Pero un hecho es innegable: la atracción, sobretodo masculina, hacia el culo de las mujeres. No voy a negar que las mujeres también se sienten atraídas por el culo de algunos hombres, o de otras mujeres, pero el caso masculino es mucho más abierto y difundido. Y hoy toco el tema, porque ayer domingo, día de frecuentar amigos, me detuve un rato a conversar con uno de mis vecinos, Javier Montesinos Claux, quien a su vez, parado en la puerta de su casa, estaba conversando con un pequeño grupo de tres divertidos muchachos. ¿Sobre que trataban sus comentarios y calificaciones? Sobre el culo de las chicas que veían pasar por la vereda. Fue muy gracioso oírles, inclusive fue hasta nostálgico. Quince años atrás, éramos, mi patota y yo, quienes repetíamos los mismos comentarios y las mismas pesadas bromas. Sólo cambiaban las personas, la situación y el lugar geográfico, eran los mismos.
Es curioso, muchos estándares estéticos han cambiado en el mundo moderno y globalizado, por ejemplo, ya no se estila desear un culo exagerado, hiperbólico, infranqueable. Las supermodels que hoy adoramos, son flaquísimas y espigadas amazonas, culiparadas, es verdad, pero con nalgas tan magras como la mejor carne de alpaca. Ni un gramo de grasa. Pero el latinoamericano es distinto; en su gran mayoría, prefiere las sandías de una venus de Willendorf, al par de melones de Gisele Bündchen. Los odiados causantes de la celulitis y de un culo gordo, como son la falta de ejercicio, la herencia genética, la mala circulación, el desequilibrio hormonal, entre otros, son más bien en Latinoamérica, agradecidos agentes para lograr esta inmensidad tan deseada. Y si consideramos los dichos populares, ni la misma España se salvaría. Algunos españolitos afirman que: La española como el tordo, patas flacas y culo gordo. Cabe entonces la pregunta, ¿qué es lo que nos atrae de un culo? ¿Por qué precisamente el culo, y no las tetas, o el rostro, o la vagina?
Estamos claros de que no se trata de una fijación anal, de la que nos hablara Sigmund Freud y sus post freudianos, ese es otro tema. Esta atracción es algo atávico, que viene desde los orígenes. Algunos antropólogos afirman, que cuando éramos cuadrúpedos, sólo podíamos copular por detrás, como hoy lo hacen los perros, los caballos, los conejos. Se dice también que en la mujer, una cintura pelviana estrecha y unas caderas prominentes son infalibles señales de una buena paridora, capaz de dar a luz hijos fuertes y bien formados, hasta más inteligentes. No nos olvidemos que en la antigüedad, la mortandad infantil, sobretodo en el momento del parto, era cuantiosa. Entonces, por una cuestión de selección natural, se prefería a las mujeres culonas, generosas en carne, al momento de elegir pareja. Hoy lo hemos olvidado por completo, aunque celebramos sin un por qué, tener sexo con la pose del perrito, o doggie style.
Vemos pues, que con el paso del tiempo, hubo una evolución; un buen día nos volvimos bípedos, y empezamos a amarnos cara a cara, ejecutando la posición más vieja que se conoce, la del misionero. Aunque parezca increíble, no hace mucho, el sexo era una actividad meramente reproductiva. La religión, para no quedarse atrás, le agregó la función unitiva, a nivel de parejas que se unían en matrimonio, pero para nada más que eso, no procuradora de placer, del que sí hacían buen uso los paganos. Recién, a partir de la década del 60, en el siglo XX, se empieza a hablar abiertamente de sexualidad, de opciones sexuales, de variedad sexual, de órganos sexuales, de orgasmos. Pocos años atrás, el sexo era un tema tabú, condenable y punible. Bueno, en algunas regiones, todavía lo es.
No creo haber respondido la eterna pregunta de tanto onanista, de por qué se les para cuando ven un buen culo de mujer. No pretendo hacerlo, tampoco. Simplemente, quería recordarles, a los que sí tienen interés en el por qué de las cosas, que hay un universo de posibilidades detrás de cada cosa hecha por el hombre, o por la naturaleza. Y que, cuando las descubrimos, la satisfacción es indescriptible. Traten con respeto ese estrecho sendero de Sodoma, que de no haber sido por él -en los orígenes- quizá hoy, no lo estuviéramos celebrando, profanando y a veces, pocas, venerando.
Recibí una llamada por teléfono, un sábado por la mañana. Era Fer, que me invitaba a almorzar juntos, el lunes de la siguiente semana, y conversar sobre un tema en particular, que sólo podía ser tratado face to face. Como era de suponer, acepté del mejor grado, y ese lunes acordado, nos encontramos al medio día en el local de KFC de la avenida Comandante Espinar, en Miraflores. Me proponía compartir con él la gerencia general -en mi caso, como gerente general adjunto-, y participar también en el accionariado de una empresa que no hacía mucho, había constituido: Multi Connections S.A.C. Mi papá, ya mucho años atrás, me había aconsejado que con las únicas personas que vale la pena asociarse, tratándose de micros, pequeñas y medianas empresas, es con aquellas que les confiarías sin reparos las llaves de tu casa. Es decir, gente de absoluta confianza, que no te busca por un interés económico solamente, sino, para que con tu apoyo, hacer realidad un sueño, o lo que es lo mismo, una empresa. Y no es fácil empresa -valga la redundancia- hacer empresa en el Perú. Casi un 80 % de los nuevos empresarios no llega al año, y a veces, luego del balance final, y del estado de pérdidas y ganancias, las deudas alcanzan las capas de ozono de la estratósfera.
Fernando C. Rincón Newton -Fer, para los cercanos-, tengo que decirlo, es una de las personas más íntegras y honestas que he conocido en mi vida, tanto en el Perú como en el exterior. Y sin embargo, es también uno de mis mejores amigos. Me pidió que lo pensara, y que le diera una respuesta, a más tardar, el día viernes. No podía perder más tiempo, porque la maquinaria ya estaba en marcha, y necesitaba un brazo derecho. Dentro de mí -pensé-, ¿cómo se le dice que no a un amigo? Tenía planeado llevar un año sabático luego de trabajar siete años sin tomar vacaciones, y quizá, iniciar mis estudios del Máster en Dirección Estratégica del Factor Humano, en la UPC. Pero si me había llamado, particularmente a mí, era porque realmente me necesitaba. Él tiene sobrada experiencia en el rubro gerencial, ostenta un MBA otorgado por la Universidad Privada de Piura, y no hacía mucho, había dejado el puesto de Gerente Regional de una de las entidades estatales más importantes del país, manejando un presupuesto de cientos de millones de dólares, y con miles de trabajadores a su mando. Y ahora, había encontrado una estupenda oportunidad de hacer empresa, y por tanto, había decidido, empezar a escribir su propia historia. Yo nunca había gerenciado nada, aparte de mi propia vida, pero sí tenía sobrada experiencia en el factor humano, y por ende, la gestión y dirección de los recursos humanos.
Hablamos de la inversión inicial, del payback o retorno de la inversión, del punto de equilibrio, del organigrama, del plan de trabajo, etc. Como abogados, habíamos tomado todas las precauciones para que sea lo más rápida posible, la apertura del libro de actas, la matrícula de transferencia de acciones, las licencias de funcionamiento, el trámite del RUC, la apertura de la cuenta corriente, la inscripción en el CONSUCODE, en el Ministerio de Trabajo, en Essalud, etc. También acordamos la contratación de un buen estudio financiero-contable. Aceptada la oferta, nos pusimos manos a la obra, es decir, a gerenciar. Fue ahí que agradecí la importancia de haber leído libros como: Gerente por Primera Vez, quinta edición, de Loren B. Belker y Gary S. Topchik; Capital Humano, Creando ventajas competitivas a través de las personas, de Thomas O. Davenport; El Espejo del Líder, de David Fischman, etc. Me fue muy útil su lectura para desmitificar ciertas cosas, y revalorizar otras. Uno cuando empieza su empresa, quiere hacerlo todo, cuando la función del gerente, del líder, es delegar funciones, poner en práctica el empowerment right.
El sacrificio duró un año, trabajamos 11 horas al día de lunes a viernes, y los sábados 8 horas. Invertimos una significativa parte de nuestros ahorros, involucramos a nuestros amigos y familiares para que nos apoyen. Cumplimos con todas nuestras obligaciones fiscales, financieras, laborales y demás. Le pusimos el corazón, además de las manos y el cerebro, pero no fue suficiente, mas aún, cuando el contrato que firmamos fue por Adhesión, es decir, que no cabe la negociación entre las partes contratantes, o firmas, o no hay trato. También hubo ocultamiento de información por parte de la empresa matriz -nos enterábamos de cada nueva cosa, con el paso de los meses-, una transnacional, cuyo dueño es el hombre más rico del mundo. Parecía el negocio perfecto, justo a nuestra medida, pero nos equivocamos. Y antes de perderlo todo, decidimos, ya asesorados por especialistas en el rubro, felizmente, también desinteresados amigos nuestros, transferir la empresa. Fue doloroso, pero uno tiene que saber cuando es válido seguir, y cuando no. Sé de casos, en que esperaban ilusoriamente que el mes siguiente mejore el negocio, y el mes siguiente, y el mes siguiente. Hasta que lo perdieron todo. Primero fueron todos sus ahorros de toda la vida, luego fue el auto, luego la casa, y finalmente, la dignidad. Ser un buen gerente, es también tomar la decisión correcta, en el momento adecuado. En la toma de este trascendental decisión, fue vital el consejo del papá de Fer, don Fernando, a quien tanto admiro y aprecio. Cuando me dice que me ve como a un hijo, llena de gozo y orgullo mi corazón.
Aplaudo a todos aquellos que se quieren independizar, y empezar su propia empresa. Busquen bien sus socios, y se evitarán grandes problemas. Cuando hay capital, todo son sonrisas. Cuando empiezan a ajustar las correas, la gente empieza a desertar y a mostrar los dientes de lobo (homo homini lupus, diría Plauto, el hombres es un lobo para el hombre). De más de sesenta personas que tuve a mi cargo, en ese tiempo, sólo podría hablar bien de 2 ó 3 de ellas. Las demás, estaban ahí por el dinero, para sacar provecho, para lucrar, nada más.
Querido lector, si procuras de un consejo, con gusto estaré para escucharte, y en un exceso de arrogancia, aconsejarte. Escríbeme, que con gusto te responderé. Toda experiencia es aleccionadora. Gané mucho como persona y como profesional. La plata, al final del día, no lo es todo. Hay victorias, las pírricas, que cuestan más que una derrota. Hay derrotas, como esta, que valen más que una victoria.
Hay, sin duda, situaciones que uno quisiera remediar, luego de ocurridas. En otras palabras, claro que uno se arrepiente de haber hecho, o haber dejado de hacer, ciertas cosas -me parecen súper cojudos, los que dicen que no tienen nada de qué arrepentirse, porque lo hecho, hecho está-. Una de ellas, ocurrida a finales del año pasado, fue no ir al conciertazo que ofrecieron en Lima, Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina, juntos, como dos pájaros de un tiro. ¡Cómo lo lamenté, carajo! Aturdido y abrumado, por el mal resultado de un joint venture, me quise castigar de la manera más infantil, privándome de uno de mis mayores placeres: la música. Aún cuando me ofrecían pagarme la entrada, me negué. Ya había tomado la decisión, se tratara de quien se tratara.
Felizmente, por la magia de la tecnología, y por ende, del DVD y los televisores LCD, pude ser un espectador más, allá en Madrid, de tan generoso espectáculo. No tuvieron que ir muy lejos, ya en la tercera canción: Y sin embargo, me encontraba cantando con ellos, lado a lado, emocionado, mientras las lágrimas recorrían mi rostro. No me suelo emocionar tan fácilmente, de hecho, casi nunca me pasa, pero esa interpretación fue demasiado. Absolutamente memorable. Mi memoria poética, como dice Milan Kundera, tuvo mucho que ver en ello. La calidad musical es insuperable, nunca los escuché cantar mejor. Dicen que un buen cantante es aquél que hace creíble lo que canta. Y vaya que lo logran, como jugando, porque cada historia me supo a verdad sacramentada. Debemos agregar, además, la pureza del sonido, los músicos que acompañan la gira son de primer nivel, y antes de hacer un trabajo, disfrutan y agradecen con su virtuosismo, la afortunada hora en que fueron convocados a hacer música con estos dos gigantes. Para los enterados en música, he de decir que el acompañamiento musical estuvo compuesto por Pancho Varona (guitarra acústica), Antonio García de Diego (guitarra, teclado y armónica), Pedro Barceló (batería) José Antonio Romero (guitarra), Richard Miralles (piano), Víctor Merlo (bajo y contrabajo), Matthew Simon (trompeta), José María Pérez Sagaste (saxofón), Toni Berenguer (trombón, y en los coros, las espigadas Paqui Sánchez y Marcela Ferrari.
Más que poesía gongoriana, hubo picaresca y quevedos. Dos señorones que salen al plateau, desenfadados, a conquistarnos con su esencia, con su natural forma de ser, con su camino andado. Serrat es un poco más lírico, Sabina, más arrabalero. Yo soy un hincha confeso de Joaquín, pero no puedo dejar de admirar el buen cantar de Joan Manuel. Fue valioso que cantara, en su natal catalán, Fa vint anys que tinc vint anys. Uno tiene que estar orgulloso de su cuna, porque es de ahí de donde uno viene, y aclara el panorama, de adonde uno va.
Es muy probable que muchos de los lectores no sepan quienes son, y no hay delito en ello. Pero si he de darles un buen consejo, es correr a escucharlos. No hay forma de no quedar pegado. Si no es por la letra, es por la voz; si no es por la voz, es por la música; si no es por la música, es por la poesía; si no es por la poesía, es por la crónica; si no es por la crónica, es por el verso. Y el verso es letra, y así sucesivamente, per secula seculorum. Da lo mismo, que recurran a vías ajenas al copy right, la música es para quien la quiere escuchar.
Que el vino, la compañía, el concierto y la noche, os sean propicios.
Que me perdone don Pedro Almodóvar Caballero, por jugar con el título de una de sus más celebradas películas, divertidísima, dicho sea de paso. Pero no he encontrado otra manera de titular este blog. El fin de semana recientemente pasado, me llamó una vieja amiga, Graciela, con quien, el año de 1992, empezara mis estudios universitarios. Me avisó que habían llegado a Lima un par de compañeras de graduación, y que juntas, con otras dos abogadas más, se iban a reunir en el local de Starbucks del Óvalo Gutiérrez, en el distrito de Miraflores. Dios sabe que dudé una fracción de segundo, porque iban a ser cinco solteronas, de entre 33 y 35 años, contra mí; pero bueno, lo peor que me podía pasar, es terminar violado. Y ante una violación inminente, lo más inteligente es aflojar el cuerpo. Pero tampoco hay que moverse mucho, a fin de que no celebre el enemigo.
Tengo que confesar también, que me dio cierto prurito cojudón al revisar las fotos de la graduación, todavía en el pequeño estudio de mi departamento. Éramos hermosos entonces, con sólo 22 años encima, jóvenes, esbeltos, creídos todos que en menos de cinco años, íbamos a conquistar el mundo. Todos nos equivocamos, independientemente de los esfuerzos de más de uno. La conquista mayor no estaba esperándonos afuera, sino, dentro de nosotros mismos. Con pena, puedo afirmar que muchos no lo han notado aún, y siguen tratando de derribar gigantes, donde hay molinos de viento.
Vanidoso, como cualquiera que se estime mínimamente algo -sin llegar a lo metrosexual-, me puse mis mejores ropas, claro, sport elegante, para no desentonar con las demás, y como bien mandan la etiqueta y los manuales de buenos modales. Una camisa de algodón manga corta, color azul marino, marca Polo; un pantalón de drill, color caqui, de marca Banana Republic; un reloj de pulsera con correa de cuero marca Cartier; una sobria correa de cuero chocolate, marca Prada; unos zapatos color chocolate, ingleses, de marca Church. A nosotros, los limeños, nos encanta presumir, asi no tengamos un duro en el bolsillo. Bien dicen de nosotros, «que comemos pescado, y eructamos caviar». Incluso, hay una parte de nuestro clóset, que es exclusiva para la ropa que usamos únicamente para impresionar. En ninguno otra ocasión del año se utiliza, porque corremos el riesgo de gastarla, y quizá, más adelante, ya no seamos capaces de adquirir otras de igual calidad. Aunque para eso, quedan las etiquetas originales, las versiones clonadas del barrio de Gamarra, y nuestros buenos sastres del vecindario. En Lima, para todo hay solución, menos para la muerte.
Voy a parecer presumido, pero tengo que ser fiel con la verdad. Las impresioné. Bueno, ésa y no otra, era la idea. Aprovecharon, de paso, en tocarme las nalgas, y aunque no muy voluminosas, sí muy firmes. Como dice mi amigo Carlitos: ¡Cómo has cambiado, pelona! Doce años atrás, ni tocabas, ni te dejabas tocar. Y ahora, ni pides permiso. Poco faltó para que me cogieran, ante la vista y paciencia de los demás comensales, el pinochito, ya a media erección. Pero, algo inesperado pasó. Como cuerpos posesos ante la cruz cristina, igual reacción tuvieron al notar mi aro de casado, en mi mano izquierda, siguiendo la costumbre anglicana y no la católica. Hasta en eso me ha gustado dar la contra, en ésta, mi muy querida sociedad pacata. -¿Te casaste?, preguntaron, al unísono, como en coro benedictino. Pude notar su envidia, los ojos no saben mentir. -Sí, fue mi monosilábica respuesta. Recién me fijé, entonces, en sus bien cuidadas manos, y ninguna llevaba puesta una alianza matrimonial. Todos eran decorativos anillos y sortijas de oro y platino, pero ninguno que hablara de una unión matrimonial. Es que, en efecto, ninguna se había casado. Todas, seguramente, podían presumir de grandes pasiones, múltiples orgasmos, sexo salvaje, y hasta de encuentros con enormes falos de ébano. Pero ninguna, se acercó siquiera a una pedida de mano. Ello no impidió que fuera una tarde encantadora, entrañable, inolvidable. Casi todo fue recuerdo, y bromas en doble sentido. Qué no habría dado, una docena de años atrás, por prometerles una vida juntos por siempre, un matrimonio del que hablaran todos todo el año, un tórrido amor de novela, a cambio de una sola noche de pasión. Pero ni un beso sin lengua. Ni eso me quisieron regalar, otrora. Y ahora, a nuestros treinta y pocos, que dispuestas estaban todas en pasar la noche acompañadas. Con una sonrisa digna de Dorian Gray, confirmo qué acertado estuvo don Garcilaso de la Vega, en su Soneto XXIII:
Coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre;
Marchitará la rosa el viento helado.
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.
Pero el tiempo no perdona, como dicen los muchachos de ahora, «una tía es una tía», por más que «gallina vieja haga buen caldo». No estoy propugnando por una libertad sexual desenfrenada, no. Simplemente, hay que vivir cada etapa de la vida, a su debido tiempo. No se puede pretender actuar como un veintiañero, cuando se está en los cuarenta. Es ridículo, condenable y risible. Yo estoy en mis treinta, como saben, y quizá habría podido pasar una noche inolvidable con cualquiera de ellas, Graciela, Veronika, Flavia, Camila o Sophia. O con una más de ellas, pero cuando uno ha asumido un compromiso, y tiene quien lo juzgue -aparte de su consciencia- ni debe faltar el respeto, ni faltárselo.
Guapérrimas, gracias por esa tarde maravillosa, me transportaron en el tiempo. Gracias, sobretodo, porque, aunque con algunos kilitos de más, sé que todavía puedo calentar a alguien, que no es precisamente mi esposa. Quizá en la próxima vida, como les dije a todas, mientras me iba despidiendo, en el oído izquierdo.
Sofocleto, heterónimo de Luis Felipe Angell de Lama (RIP), tenía por costumbre designar semanalmente a un cojudo (lo que en el Distrito Federal de México sería un pendejo, en Madrid un gilipollas, en la ciudad Buenos Aires un pelotudo, en Santiago de Chile un ahuevonado, en ciudad de Guatemala un cerote, y así) por los deméritos del mismo, o claro está, por su supina cojudez. En este caso, nuestro caso, he de manifestar que Iván Thays, es quizá, uno de los escritores peruanos más atacados del Perú, por múltiples razones. El mismo Thays, lo explica en una entrevista que le hiciera Francisco Angeles, en el diario La Primera, publicada el 25/II/2006:
"Me preguntaba cuántos enemigos has ganado conforme has ido avanzando en tu carera literaria. Mucha gente te insulta en los blogs...
–Ahí hay algo muy interesante. Cuando me insultan yo creo que soy el blanco que está ahí, pero puede ser otro, Ampuero o cualquiera. Detrás de esos insultos hay un síntoma, y yo trato de ver qué es lo que realmente me están queriendo decir. Es inevitable que ellos vean que yo tengo un programa de televisión, varios libros publicados, que me invitan a encuentros de escritores. Me parece inevitable que digan por qué él está ahí y yo no. En realidad dicen por qué no lo logro yo. Es una crítica hacia ellos mismos. Me siento mal conmigo mismo, y me cuesta mucho asumirlo, así que mejor insulto a este pata y pienso que es el culpable de que todo me salga mal".
Para quienes nos leen desde fuera (no me explico aún, cómo este blog es leído en 31 países), Iván Thays es un joven escritor, casado con un hijo (Andreas), clase media, burócrata, capitalino, graduado en Literatura y Lingüística por la PUCP, con tres novelas en su haber algo conocidas en el exterior, El Viaje Interior, Escena de Caza y La Disciplina de la Vanidad, además de un libro de cuentos Las Fotografías de Frances Farmer. Así mismo, tiene un programa literario, llamado Vano Oficio, transmitido por el Canal 7, todos los martes a las 11:30 p.m., además, de un popular blog de crítica literaria con el nombre de Notas Moleskine. Incluso, ha sido galardonado con algún premio literario. Digamos que es un escritor exitoso. Pero no todos, al menos en Lima, piensan que sea merecedor de algún tipo de reconocimiento. Así tenemos, por ejemplo, que el escritor Beto Ortiz, en una de sus columnas del diario Perú21, escribió lo siguiente: "tras leer un comentario de "Caretas" sobre su primer libro en 1992, en el que se decía que "más que promesa era deuda", el joven escritor Iván Thays fue presa de un severo acceso de asma emotiva".
Entonces, es más entendible, por qué lo hemos designado hoy día, como el cojudo de la semana. Por la sencilla razón que no lo es, simplemente con ánimo de joder a los que sí lo creen, un reverendo cojudo. Advierto, no tendría por qué defenderlo, pues si bien tenemos amigos en común, no nos conocemos personalmente, y poco o nada sabemos de la existencia del otro. Eso da cierto margen de imparcialidad. Yo creo que el desprecio que se le tiene, es porque es una buena persona. De acuerdo, no es un escritor notable, y dudo que su obra perdure el tiempo que le toque vivir. Pero sí es un buen lector, y su crítica literaria, aunque no rigurosa, invita a sus lectores a recorrer las páginas de los libros que recomienda, o en su defecto, descalifica. También es meritorio su esfuerzo por hablar de literatura, en un medio masivo como la televisión, sobretodo en un país como el Perú, en vías que desarrollo, que tiene a la cultura como la última rueda del coche, o en otras palabras, no le interesa, porque no es económicamente rentable.
He escuchado también que a cierta gente le fastidia su dejo afrancesado. Otra fastidiosa calumnia, si pronuncia así, es por su incapacidad congénita de no poder pronunciar la letra "r", que le sale gangosa. Con mucha razón, otrora, don Manuel Ascensio Segura y Cordeno, afirmaba: "Si matara el qué dirá, fuera Lima un cementerio". Pero bueno, la mera neta, en dónde no le gusta a la gente, hablar mal del otro. Más aún, si el objeto de la calumnia, es una persona con cierto reconocimiento colectivo.
No podría recomendar sus novelas, porque yo mismo no me he animado a leerlas, quizá llevado por la mala referencia que he tenido de ellas. Igual, pienso hacerlo un día. Lo que sí recomiendo, es su blog, y para los noctámbulos, su programa por Canal 7. No está muy bien estructurado, ni es dinámico, no fluye como debería fluir. Pero con todo y eso, es como dije, muy meritorio, incluso, heroico. Creo que es algo que deberíamos apoyar desde nuestra esfera de poder, porque algo bueno vamos a rescatar.
Iván, desde aquí, mi bien ganado respeto y consideración. Siga así, combatiendo molinos de viento, y aunque la edad no perdona, no le haría mal, un buen corte de pelo. La moda de lucir a lo Oscar Wilde, ya está en desuso.
Ayer, jueves por la noche, fui invitado a cenar al departamento de un viejo amigo, Federico Guillermo Ferro Ramírez, hijo de uno de los más grandes filósofos latinoamericanos, don Juan Baustista Ferro Porcile (RIP), a quien tuve la suerte de admirar como alumno universitario. Tengo que agregar, a su vez, que el spaghetti al pesto estuvo como para chuparse los dedos, al igual que la chuleta de cerdo. Brindamos a la mejor manera peruana, con cerveza helada, de marca Franca, sin dudarlo, la mejor cerveza peruana en cuanto a calidad y sabor, además de precio. Ya en la sobremesa, con el corazón contento, la barriga llena y los pies calientes, empezamos a discutir acerca de la política en el Perú. De las muchas anécdotas e ideas que surgieron, Guillermo me comentó que su madre, como veinte años atrás, luego que le preguntara de por qué ciertos ciudadanos notables nunca intervenían en la política del país, le respondió que la gente decente se quedaba en su casa. Así de sucia es la política por estos y aquellos lares. La gente que tiene un mínimo de decencia, ni loca se anima a participar en la vida política de su sociedad. Para esos menesteres -afirman- están los corruptos, los inmorales, los desalmados, los asquerosos, los comemierda, los delincuentes de cuello y corbata. Inclusive, pareciera que siempre ha sido así, desde que el hombres es hombre, y vive en sociedad.
Respecto de la participación en política en los inicios de la historia, Simon Goldhill, en su libro Love, Sex & Tragedy: How the Ancient World Shapes Our Lives, nos comenta: "Participation" was the wachword in the government of classical Greece. The Athenian citizen was expected to attend the Assembly, to serve on the Council, to act as a juror, to vote, to take part in festivals, and to fight in the military. Where modern democracies talk obsessively about rights, ancient democracy considered citizenship more an issue of duties. As Pericles declared: "We do not say that a man who takes no interest in politics minds his own business; we say he has no business here at all". In democracy, to be unengaged is to be useless. Indeed, the standard Greek word for a private citizen is idiotes, from wich we get the English "idiot" -a fool who lives in his own world. No podía ser más pertinente la cita de Mr. Goldhill, que contradice nuestras creencias actuales. Para los antiguos griegos, era un idiota aquel que vivía en su propio mundo, ajeno a los intereses de su sociedad. La etimología es evidente, idiota viene del latín idiōta, y este del griego ἰδιώτης (idiotes). Entonces, en un estricto sentido de la palabra, todos aquellos que nos mantenemos al margen de la política, somos unos perfectos idiotas, egoístas, inservibles, y no necesariamente, gentes decentes incapaces de tocar la mierda. ¿Es así? Mi vanidad me exige evaluar otras interpretaciones.
Don Maximilian Weber, en uno de sus más conocidos trabajos, Politik als Beruf señala que: también los cristianos primitivos sabían muy exactamente que el mundo está regido por los demonios y que quien se mete en política, es decir, quien accede a utilizar como medios el poder y la violencia, ha sellado un pacto con el diablo, de tal modo que ya no es cierto que en su actividad lo bueno sólo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario. Quien no ve esto es un niño, políticamente hablando. El Diabolo, quien tiene a la vanidad por su pecado favorito, no podía despreciar este caldo de cultivo tan maravilloso que es la política, donde se han cometido las mayores atrocidades, donde el fin justifica los medios, en términos de Niccolò di Bernardo dei Machiavelli, y no al revés, como exige Albert Camus (en política, son los medios los que deben justificar el fin).
La gente en política sólo sabe robar, dice el pueblo. El brillante Amabrose Gwinett Bierce los secunda al afirmar que: la política es la conducción de los asuntos públicos para el provecho de los particulares, y es que, meterse en política casi siempre es llenar las arcas personales, o la de los compadres. El fenecido escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, en Mea Cuba, piensa lo mismo: la política suele ser el último refugio del pícaro y la primera vocación del vivo. También es refugio de los poderosos, de donde no quieren salir nunca. O de los que sabiendo un poco, pretenden gobernar en tierra de ciegos. Las sátiras como Ensayo sobre la ceguera de Jose Saramago, Animal Farm de George Orwell y Los Viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, son imperdibles. Con pena, he visto como ex amigos, inteligentísimos en un tiempo no tan lejano, hoy son políticos y prostitutas de la gloria y el dinero fácil. Qué pena.
Pero las cosas sí que pueden cambiar. Estoy convencido que a través de una buena educación, de un trabajo consciente en nuestros hogares, a nuestros hijos, podremos finalmente ver un cambio generacional donde predomine el principio de la fidelidad de los hombres, del que nos hablaba Confucio. Guillermo, que en un par de meses será padre, y yo, que tengo un hijo de cuatro años, hemos prometido, desde anoche, releer concienzudamente Política para Amador, y Ética para Amador, del filósofo español Fernando Fernández-Savater Martín. Ambos tenemos formación académica en filosofía, aparte de afición por ella, pero no sabemos el «cómo», que a veces, es más importante que el «que». Y un niño necesita que se le explique con ejemplos, con atajos, con juegos, con magia, es decir, lúdicamente. Vosotros, que son padres, o que piensan serlo un día, les conmino a que hagan lo mismo. Al menos, si aspiran con un mejor mundo para sus enanos. Además, es una excelente excusa para acercarnos a ellos, y vivir el tiempo junto con ellos.
